miércoles, 12 de octubre de 2011

Estos tiempos

Que los negocios no se dejan llevar por la emotividad y el sentimentalismo no es novedad: business are business. Les contaré una historia real que ilustra estos maravillosos tiempos que vivimos:
Un trabajador advierte a su empresa, de ámbito nacional, que va a tomar sus días de licencia por matrimonio, tal y como le corresponde. La empresa da el visto bueno y el último día de trabajo, en lugar de felicitar al compañero que se casa y hacer una mínima celebración, le comunican el despido, cuyo plazo de preaviso coincide con el período vacacional. Todo un regalo de bodas.
A su regreso, y coincidiendo con su cumpleaños, el trabajador recibe el finiquito. Todo sensibilidad.
La delegación navarra de la empresa nacional de un gran empresario, que incluso preside un gran equipo de fútbol con jugadores millonarios, cierra sus puertas a la espera de tiempos mejores. Seguro que el empresario no conoce esta historia, y aunque la conzoca le importará un bledo. La vida es así y hay que salvar el negocio.
Hoy volvía a leer esos titulares deportivos que hablan de la unidad del equipo, del ambiente del vestuario, de los objetivos comunes y demás topicazos, y pensaba en el grupo de trabajadores que se dieron la espantada temiendo por sus puestos que, en cualquier caso, estaban sentenciados a muerte, incapaces de mostrar un mínimo de empatía.
¡Qué tiempos!. Pero seguro que ustedes también conocen más historias como esta.


domingo, 11 de septiembre de 2011

Un buen día descubres que la vida lleva tiempo diciéndote adiós; tal vez desde el nacimiento. Tus allegados se van marchando y cada vez te quedas más solo, rodeado de unos pocos que te acompañen. Los dolores, los achaques, las penurias te van consumiendo y sobrevives como quien sube una montaña: el objetivo es subir para después bajar y, mientras tanto, disfrutar del paisaje y del esfuerzo. El mito de Sísifo, o el del eterno retorno. Qué más da.
De entre las innumerables interrrogantes que surgen constantemente, hay una que me produce una profunda inquietud. ¿He conseguido hacer algo digno de ser recordado? ¿He cambiado alguna de tantas cosas que no me gustaban en esta vida?. La respuesta está en el interior. Siempre hemos de mirarnos a nosotros para darnos, si somos capaces, una respuesta que no suele ser otra que ¿He sido capaz de adaptarme y aceptar? ¿He sido libre, en qué, en qué he podido decidir realmente? Poco más de lo que afecta a mi entorno más inmediato. La elección de mis calcetines, la familia que creé y pare usted de contar: Esas pequeñas grandes cosas que conforman nuestro día a día.  Lo demás, las grandes palabras con las que nos hacen creer que somos partícipes de las decisiones fundamentales son mentira. Una decepción de la que somos conscientes desde el primer momento, pero que aceptamos acomodaticiamente. ¿Qué otra cosa podemos hacer?.
La empresa nos mintió, dijo que mantendría los puestos de trabajo pero se ha llevado el material a otro país aprovechando el cierre vacacional. Al regreso nos encontramos las paredes de la nave y un tipo que no conocíamos que nos despidió.
Voté su candidatura e hizo lo contrario de lo que propugnaba. Ahora se vuelve a presentar y todos los demás candidatos me provocan una desconfianza aún mayor.
Confiaba en esa marca, su publicidad me hizo creer que era un buen producto. Pura chatarra.
Créame: es una buena inversión y si en unos años decide cambiar podrá venderlo por mayor valor. Ahora no vale ni la mitad.
Sin consumo no hay crecimiento; sin crecimiento no hay trabajo; sin impuestos no hay servicios; este es un elemento peligroso que necesita ser asegurado, cualquier cosa que ocurriera le llevaría a la ruina; este producto que ha comprado es contaminante, debe pagar por lo que contamina; tenemos un problema de espacio, pague por el espacio que ocupa ese producto que compró; mi vida es contemplativa, me dedico a la oración y si crees en mí te ofrezco la salvación eterna, pero necesito cubrir mis necesidades: págame; sé que usted aspiraba a realizar otras tareas, pero esto es lo que hay.
La literatura está llena de grandes obras que reflejan estas situaciones dramáticas, y aún peores. Es difícil decir algo nuevo. Por eso volvemos al eterno retorno, al principio, ¿qué hemos cambiado, hemos sido capaces de cambiar algo que no sea nuestro interior?.
Hoy veía, una vez más, imágenes de candidatos políticos. Estaban rodeados de jóvenes. No había personas maduras ni viejos entre sus interlocutores, suponiendo que les permitieran decir algo y asumir un papel que no fuera el de meros comparsas. "Ellos son el futuro, ellos sufren el paro..." No: "Ellos aún creen que pueden decidir, que pueden hacer, que pueden cambiar algo". Los demás estamos amortizados.

domingo, 14 de agosto de 2011

Teatro quemado

Se podría pensar que es una patología que se da en determinados funcionarios con mando en plaza, por la que acaban creyendo no que trabajan para el organismo, sino que el organismo es de su propiedad y que, en consecuencia, pueden hacer lo que les venga en gana a nada que se sientan con un mínimo respaldo. Una variante de esta tipología es la del pasillero en comisión de servicios con duro retorno a un puesto que no le apetece y le degradaría su estatus. Este tipo puede hacer informes sin temor a las repercusiones, que nunca llegarán más allá de un afeamiento de su comportamiento en la sentencia. En cualquier caso, aunque el organismo oficial acabe palmando dineros públicos nadie se irá a la puñetera calle, ni mucho menos a la trena, ni asumirá responsabilidad alguna.
A lo que iba, o quería ir. Que lo siento mucho por mi estimado Jose Mari Asín, que sin comerlo ni beberlo va a salir churruscado del escándalo de la renovación de la dirección gerencia del Teatro Gayarre. A la entrada anterior me remito.
Que el alcalde presidente de la fundación municipal Teatro Gayarre decida no ratificar el nombramiento del postulado, es como si el Rey decidiera no proponer el nombramiento del presidente del Gobierno porque no lo ha propuesto él en lugar de elegirlo los parlamentarios. Es lo que se llama política de "pormisco", o de "yo o el caos", aunque en este caso sería más correcto decir "yo y el caos".
Como la cuestión no es la adecuación de Jose Mari al cargo, tendremos que pensar que el problema de fondo es estríctamente de competencia política: Si el PSN apoya las propuestas de UPN, se somete a los dictados de UPN. Si se apoya en I-E, NaBai y Bildu, se estará valiendo de los votos de los nacionalistas y, especialmente, de Bildu. Es lo que tiene la bisagra, de tanto girar, primero chirría y finalmente se acaba jodiendo. El alcalde Maya dice que o su candidato o nada. Un pulso tremendo en el que prima "pormisco" sobre las virtudes del currículo y, sobre todo, de los intereses del Teatro Gayarre, al que puede llevar a la paralización. Tampoco importan un bledo las opiniones ni los intereses de los espectadores, ni el proyecto de programación, ni los artistas. Todos prisioneros del totalitarismo. Naturalmente la culpa será de los socialistas, que no saben acatar, negociar, etc. Esta actitud es más sorprendente en alguien que pertenece a la carrera funcionarial, es decir, se le supone el conocimiento de los concursos de méritos y las oposiciones. Pero no. Todo se olvida. Cuando conviene. ¡Menuda legislatura nos espera con esta actitud!.
Les contaré una anécdota: Un determinado funcionario, de esos con mando en plaza, de los que no se jubilan porque ganan más calentando la silla que con la pensión, me reprochó el no haber asistido al funeral anual en memoria de los funcionarios fallecidos durante el año. Me dijo que yo no era una persona muy religiosa. Sin duda el ignorante confundía religiosidad con asistencia a actos religiosos. Esta misma confusión se da en el sentido político. No acaban de entender que el organismo es de quienes pagamos los impuestos, ellos incluídos, y que únicamente tienen la delegación de administrar de la mejor manera posible en bien de todos. Bueno, al menos esa es la teoría. Luego todo se reduce a un vulgar reparto de puestos. Y a la asistencia. Lo del espíritu es otro cantar.

sábado, 6 de agosto de 2011

Teatro

Asistimos a una nueva polémica, y discrepancia política, en torno al nombramiento del director gerente del Teatro Gayarre que sustituya a Ana Zabalegui, nueva directora general de cultura de Navarra, en sustitución de Pedro Lozano, que a su vez se nos desvela como el candidato idóneo de UPN y PP para asumir el cargo. Parecería un baile de puestos, una permuta bien vista por los dirigentes políticos. El acuerdo entre PSN, NaBai y Bildu para nombrar a Jose María Asín viene a desestabilizar el intercambio previsto.
No ocultaré mi simpatía y amistad con Jose Mari, como tampoco lo haré con Ana. Ambos gozan de mi respeto en lo personal y en lo profesional y considero que los dos han demostrado sus cualidades. No puedo decir lo mismo del Sr. Lozano, a quien solo conozco de vista y de quien considero que lo tiene todo por demostrar. A la Red de Teatros me remito como un ejemplo de su gestión. De Ana y Jose Mari ya conocemos su currículum, propuestas y programación. No así del Sr. Lozano.
Como ciudadano contribuyente y espectador pagador de mis localidades me considero con todo el derecho para reclamar poder conocer las virtudes que hacen al Sr. Lozano merecedor de la dirección del Teatro Gayarre. No tengo inconveniente alguno en declararme ignorante de las mismas y de su currículo, más allá de su paso por el gabinete de alcaldía y su salto a la dirección de cultura.
Con todo esto quiero dejar clara una cuestión: Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor: El Teatro Gayarre.

miércoles, 20 de julio de 2011

¡Por fin!

Somos como nos ven. Somos lo que ven los demás, lo que los demás proyectan en nosotros. Aunque creamos y juremos que somos otra cosa, nunca dejaremos de ser ese objeto percibido por los demás. Somos una opinión ajena, aunque creamos lo contrario. Nuestra autopercepción no cuenta. Es engañosa. Naturalmente que hay personas inasequibles al desaliento, incapaces de asumir que no son el niño más guapo del mundo, tal y como les decía su mamá, hasta que alguien, manu más o menos military, les pone en su sitio y les obliga a abandonar su confortable refugio desde el que controlaban todo. Se acabó. No hay vuelta atrás. Aunque juren y perjuren que volverán cuando se demuestre su inocencia nadie espera nada de ellos, sobre todo aquellos que ocuparán sus puestos, como ocurrió con su antecesor Zaplana. No digamos nada del pueblo soberano; porque somos los votantes los que, en definitiva, quitamos y ponemos con nuestras humildes papeletas, aunque haya quien crea que el "cargo" se lo deben a sus líderes. Tal vez eso sea una razón para explicar la ausencia de una sola referencia al electorado en el discurso de despedida. No es el suyo un ¿sacrificio? a título de beneficio del señor Rajoy y para que le deba la posibilidad de alcanzar la presidencia del Gobierno de España.
Hasta nunca, Camps. Quien se despide imponiendo el control sobre los medios de comunicación, y por tanto restringiendo el derecho a la libertad informativa, no merece más despedida que el ostracismo cuando regrese al infierno que habitamos los pobres mortales. Bienvenido al mundo de los tontos. ¿Ve?, al final no era tan listo ni tan guapo. ¿Tan honrado?. ¿Por qué nos olvidaremos de la presunta virtud de la mujer del César?

Tiempo Pamplona

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