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sábado, 11 de octubre de 2014

La libélula

           
 Era una mañana soleada de otoño, una de esas  mañanas en las que te sientas junto al ventanal a tomar un café mientras el sol te calienta a través del cristal.
            Apareció de pronto. Suspendida en el aire la libélula entró y fue directa al centro de la cafetería y allí cayó en vertical al suelo. La veía agitar sus patas intentando ponerse sobre ellas en el suelo, levantar sus alas, remontar. Se paró y comprendí que había muerto.
            Repasé lo que había pensado desde que la vi cerca de mi cabeza, el deseo de que alguien la golpeara quizás con un periódico, de que la pisaran contra el suelo y dejara de sembrar el miedo entre los clientes del local, que aún no se habían dado cuenta de su presencia, y ahora había visto su muerte fulminante mientras volaba y contemplaba el cadáver en el suelo. Estaba atónito incapaz de apartar la vista del insecto, tal vez deseando que se reincorporara sobre sus largas patas y remontara el vuelo para sentir alivio y un nuevo deseo de que alguien la matara. ¿O no? ¿Me dejaría llevar por la compasión y la alentaría a que volara y saliera del local a la calle? ¿Por qué había entrado? ¿Era consciente de su próxima muerte y buscaba refugio donde morir, tal vez al calor de las máquinas? ¿Podía ser consciente un insecto de que su final estaba llegando, de que ya no iba a vivir más? Los animales lo son, dejan de comer y beber, se apartan a un lugar que les proporcione seguridad, confort en sus últimas horas. Como lo hacemos nosotros. ¿Por qué no iba serlo entonces aquella libélula?
            Acabamos nuestro café y nos levantamos, yo seguía mirando aquel cuerpo, como hipnotizado por lo que había visto. Salimos y no he podido olvidar el repentino final del vuelo y la caída vertical contra la baldosa del suelo. ¿Qué fue de ella? ¿La pisó alguien? ¿La recogió la escoba y la pala de la basura cuando barrió alguna camarera?

            Todo esto carecería de sentido si la muerte no estuviera tan presente últimamente en nuestras vidas. ¿Qué fue de la libélula?

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