miércoles, 18 de julio de 2012

La propuesta Dimitris Christoulas (2)

Fue en los albores de la actual democracia, cuando se planteó la necesidad de profesionalizar la “clase política”, con los argumentos de que debiera estar bien retribuida para ser lo suficientemente atractiva a los profesionales “liberales” y poder contar con personal de prestigio, que, por otra parte, no fuera fácilmente susceptible de ser corrompido por regalías y por comisiones. Más de 30 años después podemos descartar como válidos estos argumentos. Los niveles de corrupción entre los políticos son vergonzosos y los niveles de calidad lamentables. La selección se realiza por los propios partidos políticos y en estos por sus propios cargos, que designan a fieles y agradecidos allegados, cuando no directamente familiares, como en el caso de la Sra. Andrea Fabra, de reciente escándalo y que nos sirve como muestra de endogamia y nepotismo, ya que sin experiencia profesional alguna y antes de terminar su licenciatura, ya ocupaba cargo político en los dominios de su imputado padre, que no dudó en darle el puesto que ahora ocupa, de libre designación. Los privilegios, retribuciones y prebendas les resultan insuficientes e irrenunciables y la permanencia en los cargos es prácticamente vitalicia, saltando de un cargo a otro e impidiendo cualquier tipo de renovación interna. Ciertamente, para que se produjera cualquier tipo de renovación sería necesario hacerlo desde dentro de su sistema, de eso denominado “democracia interna”. La crítica y reprobación de la ciudadanía no resulta suficiente y en ocasiones como el movimiento 15-M, son parasitados por las diversas organizaciones para llevarse el ascua a su sardina, neutralizando cualquier tipo de efecto revulsivo, ya que se asumen como propias, aparentemente, algunas de las reivindicaciones propuestas por estos “sectores discordantes”, al igual que se hace en los órganos internos de los partidos, integrando a las “diferentes corrientes de opinión” en las listas y puestos de dirección. Un “te doy me das” que no produce otro movimiento que el de algunos culos en sus asientos De los sindicatos podemos decir otro tanto, con el agravante de que además de estar subvencionados por el estado, como los partidos, su afiliación política les impide cualquier tipo de independencia. En estos momentos acuciados por la crisis, surge el planteamiento de reducir un 30% de los ayuntamientos, precisamente los más pequeños y que no generan gastos de “representación”, ya que sus cargos electos no suelen estar retribuidos ni gozan de privilegios y prebendas. ¿Dónde estaría ese supuesto “ahorro”? En ninguna parte. Únicamente beneficiaría a los municipios absorbentes, que verían incrementarse el número poblacional y, en consecuencia, las ayudas por habitante. En lo demás el supuesto “ahorro” es más que discutible, ya que los pueblos pequeños se agrupan en concejos para optimizar sus gastos de limpieza, mantenimiento, etc. No faltan voces que abogan por la desaparición de las diputaciones, del senado, del número de parlamentarios, incluso de las propias autonomías y el retorno al Estado centralizado y centralista. Sin duda estas sí serían medidas ahorradoras, pero no gozan de gran popularidad, al menos entre la casta política, que es donde tiene su negocio montado. “No hay alternativa a estas medidas”, clama el presidente del Gobierno para justificar los duros recortes, o ajustes como prefiere llamarlos, que han venido impuestos por los prestatarios europeos y que van directamente contra las clases media y baja y en contra de otros criterios que incentivaran la economía. Paul Krugman recuerda que para salir de la recesión del año 30 hubieron de tomarse las medidas contrarias, es decir: aumento de salarios y reducción de impuestos, medidas que llevan al aumento del consumo y afianzamiento de la economía, que por otra parte revierte en el Estado por la vía de los impuestos. El viejo dilema de equilibrar ingresos y gastos pero ¿cómo? ¿Vendiendo una cerveza a 6, o 3 a 2? Respóndanse ustedes mismos. Volvamos al tema que nos preocupa: Ciertamente sobran políticos, pero ¿qué hacemos con los quedan? Naturalmente, alguno deberá quedar, aunque pensemos que sobran todos. ¿Y bien? ¿Por qué no puede asumir la presidencia de gobierno una persona jubilada, o prejubilada, que ya disfruta de un exiguo sueldo, sin más remuneración que la que ya percibe y los gastos inherentes a su cargo debidamente cubiertos? ¿Cuántos millones nos ahorraríamos si las abogadas del estado, las catedráticas, los registradores y notarios, leguleyos varios y desocupados sin excedencia se largaran a su casa y sus puestos los ocuparan personas comprometidas a no aspirar a las retribuciones de consejos de administración, direcciones, dietas? ¿Cuánto no ganaríamos si un prejubilado de banca fuera ministro de economía sin más emolumentos que los que ya percibe? ¿No sería más libre ese gobierno para poder defender a su país, autonomía, ayuntamiento, de intereses y grupos de presión; si no aspirara a colocar a sus vástagos en puestos políticos, si su única preocupación es el coche oficial? Esa es la asamblea de ancianos a la que hacía referencia en la parte primera y esa es la que puede ser un acicate y un plus de libertad e igualdad. Esa es la que puede mandar a toda la clase política a sus casas y darles una lección que quede para la historia. Sí, ya sé que unos pensarán que serían unos primos, o que caerían en las corruptelas que se han intentado evitar. Posiblemente. Nada es seguro, pero ¿por qué no lo intentamos, por qué desdeñarlo sin probarlo? ¿Quién lo impide, el sistema, los políticos, los partidos, los sindicatos? Esta es suficiente razón para intentar ponerlo en marcha. Prefiero sentada en el congreso a una viuda con su pensión y su dignidad, que a una mujer sin más mérito que el parentesco y que no aporta nada más que exabruptos e insultos. ¿No lo haría mejor, y más barato, si la dirección de la radiotelevisión la asumiera una profesional pre, o jubilada, en lugar de un caro periodista ya desprestigiado? Cualquier funcionario sabe más de las administraciones en las que ha trabajado, que un foráneo; como un fontanero autónomo sabe más de trabajo que una ministra sin experiencia profesional. Y así sucesivamente. ¿No dicen que no hay alternativa? No es verdad: aquí tienen una y puede haber más.

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